iglesia

Mi salvación procede de mí

La luz del mundo desvanecerá todo con su res­plandor

Mis resentimientos me muestran lo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver. Habiendo reconocido esto, ¿para qué los quiero?

Los resentimientos y la luz no pueden coexistir. Es en la oscuridad y ocultandome la luz donde me mantienen mis resentimientos. La luz y la visión tienen que unirse para que yo pueda ver.

Yo quiero ver. Para poder ver tengo que desprenderme de mis resentimientos. Hoy reconoceré que mi salvación está en mí. Dejaré de buscarla fuera de mí mismo. Se extenderá desde dentro de mí, y todo aquello que vea reflejará la luz que brilla en mí y en sí mismo.

No dejaré que nada me tiente a buscar mi salvación fuera de mí mismo. No permitiré que algo o alguien interfiera en la conciencia que tengo de la fuente de mi salvación. Ya nadie ni nada puede privarme de la salvación.

La realidad siempre es bella

Que necesidad tengo de resentimientos si lo que quiero y busco es ver. Realmente no los quiero, solo los he utilizado equivocadamente como protección. Despojado de resentimientos por fin alcanzo a ver. Así es que se logra visionar lo que de ningún otro modo puede ser visto. Despojado de todo lo externo mi salvación llega.

Mis resentimientos ocultan la luz del mundo. Algo que no me gusta, o que alejo de mí, o culpo por mis problemas, cualquier cosa dentro de mí que no sea compasión y perdón me impide ver. Y también me impide ser salvado. Hacen que yo vea algo que no es real, y reacciono con miedo u odio o enfado. Mis reacciones son tan inapropiadas como el miedo de un niño a una cortina que se mueve en la oscuridad. Estoy viendo algo que no está ahí. Me estoy asustando por sombras, cuando la realidad es pura belleza.

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