Lázaro de Betania, Lázaro el Obispo y el mendigo Lázaro

Mientras ordenaba notas para mi artículo sobre el Milagroso San Lázaro de esta semana, me topé en internet con un post que cuestiona la existencia de Lázaro el mendigo. Su autor lo define como un personaje ficticio. Me resultó extremadamente curioso por ser una de las deidades más veneradas en Cuba. De hecho, le hemos dedicado muchos de nuestros textos. Aquí van algunas reflexiones al respecto. Si te animas comparte con nosotros tu criterio.

Lázaro de Betania

Uno de los personajes más conocidos de la tradición católica es San Lázaro de Betania. Hemos comentado en otro post que Jesús obró con él uno de sus más bellos milagros, el de la resurrección.

Lázaro fue un personaje real, como Jesús, como María y como los doce discípulos. Habitó la ciudad de Betania, en la que aún se conserva su tumba. Su primera tumba, para ser más exactos. Este lugar donde normalmente termina todo para un personaje real, fue donde comenzó su perennidad. Su muerte sirvió para que Jesús demostrara al mundo su poder como Dios. Por eso tras ser resucitado Lázaro, fue venerado como un santo. Pero no uno más, sino el amigo de Cristo que volvió a la vida.

Sin embargo, qué se sabe de la segunda muerte de Lázaro? Prácticamente nada. La iglesia católica y la tradición popular han dado diversas versiones.

Lázaro el Obispo

Una de las leyendas más extendidas a través de la tradición popular nos dice que tras ser resucitado Lázaro marchó a Chipre para predicar el evangelio. Allí fue ordenado Obispo. Murió 18 años después de haber sido resucitado. Sus reliquias se llevaron a Constantinopla y se dice incluso que se conserva su cráneo.

Otra leyenda lo lleva camino a Francia junto a sus dos hermanas, Martha y María. Es el primero en evangelizar en esta región y se convierte en Obispo de Marsella. Actualmente existen lugares donde su culto sigue muy vivo, por ejemplo, en la Abadía de San Víctor de Marsella y en la Catedral de Autun.

La tradición popular europea se encargó de dar un buen final a la historia de Lázaro. Ya sea como obispo de Chipre o de Marsella. En ambos casos los devotos han confirmado la existencia de un obispo de tal nombre, aunque sea imposible demostrar si éste era el amigo de Cristo.

El mendigo Lázaro

Pero en la Biblia se menciona otro Lázaro. Aparece en la única parábola en que Jesús utiliza nombres propios, la del rico Epulón y el mendigo Lázaro. Esta historia la hemos desarrollado en un post anterior que invitamos a releer. No abundaré en ella ahora porque la sorpresa del día para mí fue encontrar que existen personas que se cuestionan la devoción a este santo “de muletas y perros”. Argumentan que fue un personaje ficticio cuyo nombre se utilizó para ejemplificar una situación. Sin embargo, se aferran a las leyendas de obispos y a las historias de resucitados.

Si vamos a tirar de elementos probables a la hora de encontrar la devoción, empecemos por ser sinceros con nosotros mismos. ¿Cuántos mendigos encuentra usted cada día en su camino? ¿Cuántos obispos se acercan a tu vida? ¿Dónde está más presente Dios, en la opulencia del bastón de oro, o en el humilde que yace en el suelo sólo con su fe?

Yo no tengo dudas de la existencia de un Lázaro desvalido. No tengo dudas de la gracia de Dios que habita en él. No tengo dudas de la fuerza del Milagroso San Lázaro en cada paso de nuestras vidas. Y sobre todo, no me preocupa si esta parábola estaba llena de personajes ficticios. Porque por encima de todo, fue pensada para transmitir el valor del respeto al otro, de la misericordia y del amor.

Lázaro, como la Virgen María, quizás también pueda presentársenos en las más disímiles formas. Ya sea con sus perros, como un obispo, como un enfermo, o simplemente como aquel pobre que mira mientras comes, detrás del cristal.

Giges Autor

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