El poder de la fe

Existe una estrecha relación entre el poder de la palabra y el poder de la fe. El vínculo indisoluble entre ellos son las emociones, es la paz y el amor que ambos poderes son capaces de otorgarnos. Por eso en el post anterior se comentaba la importancia de utilizar un lenguaje positivo en las conversaciones habituales, al escribir un mensaje de trabajo o al tratar a tus hijos y familiares.

Responsabilidad moral

La práctica del lenguaje positivo al orar e invocar a los dioses es antigua y conocida. Si logramos extenderla a las actividades cotidianas puede mejorar mucho la vida espiritual y física. Sin embargo, es común descubrir que estos saberes se desestiman.

En las lecturas que hago sobre Babalú Ayé, suelo encontrar frases como “representa las afecciones de la piel” o “es temido, porque es el dueño de las enfermedades”. También he conocido no pocos devotos de San Lázaro que se sienten especialmente protegidos por una mística que afecta la salud de quienes se interponen en su camino. Por tanto, estos devotos, o fanáticos, consideran que el resto del mundo debería temerles, porque su santo siempre cumple.

Y es que en ello radica el poder de la fe. El poder de la fe es el poder de pedir y ser complacidos. Esta simple idea implica una responsabilidad que a menudo, quienes oramos, solemos subvalorar.

Recuerdo la primera vez que entré en casa de mi madrina y me dijo “Sólo pide cosas buenas. Llena tu corazón de paz”. Yo me sorprendí porque me iniciaba en el mundo espiritual con una obligación moral. Y justamente, la vida me había conducido hasta aquel humilde altar yoruba con el corazón lleno de dolor y miedo. Así que respiré profundo y dejé que una paz de mar en calma me inundara. Sentí la presencia de Yemayá, que me arropaba en su manto y me calmaba. Y sólo entonces pude volver a hablar frente a mi madrina y mirarle a los ojos.

San Lázaro es misericordia

Encontrar guías espirituales que nos conduzcan siempre por el camino de luz y paz es una dicha. Y esto sirve tanto para católicos, yorubas, musulmanes, judíos y cristianos. Independientemente de la fe que se practique hay gente buena y gente mala en todas partes. De modo que usted es él único responsable del lenguaje que utilice para tratar con su santo, invocar a sus seres y pedirle a Dios.

Babalú Ayé, en efecto, es el dueño de las enfermedades y debe ser temido, pero también es el patrón de la salud y como tal debe ser adorado. San Lázaro, representa a los mendigos, a los enfermos de lepra y las enfermedades venéreas, sí. Pero en su camino fue también un ejemplo de amistad verdadera, de misericordia y de crecimiento espiritual.

Si reforzamos con el lenguaje los aspectos más temidos al referirnos a nuestras deidades; si reafirmamos las cosas negativas o dolorosas que en ellos hay; opacamos los dones que les concedieron la santidad. Y ésos son los que verdaderamente hay que adorar.

Cuida la manera de hablarle y de invocar al Milagroso San Lázaro. Y recuerda la canción… “no pidas cosas malas, que te vas a arrepentir”.

Giges Autor

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