Santa Bernardita

Cuerpo incorruptible después de la muerte.

No somos nada.

Polvo somos y al polvo volvemos.

Cuando se muere el cuerpo sufre un proceso de natural descomposición. Puede ser de manera más lenta, lenta o menos lenta; incluso muy rápido. Con esto se cumple la divina sentencia que nos dicta el Génesis de que: “polvo eres y al polvo volverás”. Inevitablemente a todos los seres humanos nos toca este destino una vez que dejamos de estar vivos. Sin importar la forma en que nos den sepultura.

No obstante en situaciones excepcionales se ha podido comprobar que determinados cuerpos apenas sufren este deterioro. Se han visto algunos incluso en que pasados cientos de años no han sufrido descomposición aparente. La Iglesia católica considera estos casos aislados como verdaderos milagros. Y son investigados dichos hechos a tener en cuenta para la canonización, lógicamente no dependiendo de ello pero si contribuyendo a enaltecer los milagros o intervenciones obradas por dicho ser en vida.

Cuerpo preparado para la gloria de la resurrección.

Se percibe esta situación como un indicio de la posible vuelta a la vida del individuo y en consecuencia de su condición de santo. Que mas podría pensarse si luego de estar en el reino de los cielos junto a Dios por tantos y tantos años sus cuerpos permanecen inalterables, como si su muerte hubiese ocurrido solo unas horas antes.

¡El cuerpo de estos santos se conserva milagrosamente después de su muerte!

Aquí enumeramos cinco ejemplos concretos de esta circunstancia sin explicación por parte de la ciencia.

  1. Santa Bernardita (1844 – 1879)
  2. Santo Padre Pío (1887 – 1968)
  3. Santa Catalina Labouré (1806 – 1876)
  4. San Juan XXIII (1881 – 1963)
  5. San Vicente de Paúl (1581 – 1660)

 

Tatico Autor

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