Aprender a soltar

Todos llegamos a este mundo desnudos. A lo largo de nuestras vidas incorporamos miles de objetos y experiencias. Algunos de estos tesoros quedan en el camino por irrevocable decisión del destino. Pero muchas veces nos empeñamos en cargar recuerdos ya carentes de sentido, en un intento inconsciente de anclar nuestra vida. Mas el tiempo no se detiene. Trae tantas cosas y de tan disímiles orígenes que terminamos abrumados. Llega entonces el momento de aprender a soltar.

Aprender a soltar para vivir mejor

No nos llevaremos de este mundo más que lo vivido. Sin embargo, los seres humanos pasamos la vida inmersos en una carrera desbocada por aumentar nuestro patrimonio. ¿A qué se debe? Pues esencialmente a la idea de éxito que impera en nuestros medios de comunicación. La publicidad nos vende la “Felicidad” vinculada a alcanzar cada vez mayores ingresos, cumplir con sueños imposibles en nuestro estatus social e intentar parecer perfectos ante la mirada implacable del otro.

En resumen, solemos vivir tan preocupados por nuestras carencias que ignoramos todo lo que nos sobra. Y con esto no me refiero sólo a cuestiones de tipo material sino también a valores intangibles. Porque llevamos al plano espiritual los rezagos del plano físico o terrenal. De manera que acumulamos tanto y de modo tan desordenado que llega un punto que sentimos que la vida nos oprime.

Existe un sencillo ejercicio que te permitirá entender lo que en este artículo comento. Yo lo practico frecuentemente y te invito a que lo pruebes. Observa la ropa de tu armario. Encontrarás algunas piezas que dejaron de ser cómodas, o que no encajas en ellas como antes. Selecciona las que no has usado por más de un año. Agradece el servicio que te brindó y dale la oportunidad de seguir su camino y de servir a otras personas. Deja pasar unos días y verás cómo llega nueva ropa a tu armario. Cuando menos lo esperes el espacio físico se ha vuelto a ocupar.

Aprender a soltar es imprescindible si sientes angustia

Aprender a dejar ir algo, ya sea un objeto, o un recuerdo inmaterial, se vuelve para muchas personas una tarea difícil. Lo primero siempre es valorar aquella cuestión que debemos sacar de nuestra vida. Existen un par de preguntas que son suficientes para tomar la decisión. ¿Eso me provoca felicidad? ¿Esto ha dejado algún aprendizaje para mí? Sea positiva o negativa la respuesta, es importante agradecer. Agradecer al universo, a Dios, por la oportunidad de haber interactuado con ese recuerdo tangible o intangible.

Es importante dejar espacio en nuestra vida para que las cosas nuevas entren y nos inunden de felicidad. Es cierto que puede ser especialmente doloroso soltar en el ámbito de las relaciones interpersonales. Digamos por ejemplo romper un vínculo matrimonial, descubrir que nuestros hijos se hacen mayores y toca cortar ese cordón que nos ata ellos, o vivir el duelo tras la muerte de un familiar querido. Pero atar a nuestro dolor a quienes amamos, es cortar su libertad y sumirlo en un sufrimiento que no merece.

Aquello que no usamos es energía estancada. Las cosas que no disfrutamos terminan enfermándonos de tristeza y contagiando a quienes nos rodean. Experimenta la felicidad de dejar ir. Descubre cómo cobran vida aquellos zapatos de tus hijos, en los pies de otro niño que juega feliz. Destierra el rencor que cambia tu rostro y apaga tu luz, y deja que la felicidad te inunde cuando perdones a quien te lastimó.

Dejar ir, aprender a soltar, es la mejor manera de abrirnos a Dios. Deja ir todo aquello que te sobra, especialmente temores y viejos recuerdos. Abre espacio físico en tu hogar y prepara tu espíritu para que te inunde la salud y el amor. Conserva sólo lo que te hace sonreír y reflexionar sobre tu aprendizaje en esta vida.

Giges Autor

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